sábado, 22 de febrero de 2014

Me siento rejuvenecer, comedia magistral de Howard Hawks


Yo también me siento rejuvenecer después de ver esta comedia de Howard Hawks, director que brilla en el humor tanto como en el cine negro o la aventura. Cary Grant jugando a los indios o Ginger Rogers de chica traviesa que hace bombas con el chicle o lanza bolitas a una siempre bellísima Marilyn Monroe, es motivo más que suficiente por sí solo para disfrutar de Me siento rejuvenecer. Trío de actores genial para una comedia genial.

Pero, ¿por qué?, ¿por qué me parece, no sólo a mí, sino a tantos críticos especializados una historia ejemplar? Hay varios motivos. Uno de ellos, ese ritmo trepidante que te hace no desengancharte en ningún momento, al introducirte en una secuencia continúa de gags originalísimos. Yo veía al público en la sala reírse de buena gana. Y eso que la película es de 1952, cosa que podría hacernos pensar que pueda estar anticuada. Al contrario, yo diría que difícilmente haya en la actualidad una cinta con tan ingeniosas situaciones y guión. Otro motivo es precisamente éste, el guión, de Ben Hetch , Charles Lederer y I.A.L. Diamond . Otra razón puede ser la ya aludida de encontrarnos con actores de tan grandísima talla. Cary Grant hace un papel, entre sabio despistado y marido enamorado, para recordar. Y lo mismo Ginger Rogers (las mejores risas me las he llevado con ella, lo reconozco). Contemplarla bailar, verla sufrir con el bebé pensando que es su marido Barnaby, por ejemplo, es, simplemente, desternillante. Y, por supuesto, Marilyn, en su prototipo de papel, o sea, secretaria bombón a más no poder, a la vez que ingenua, enamoradiza e irresistible.

Respecto al argumento, algo tan tonto como un científico un poco loco en busca del elixir de la juventud, una graciosa mona, Ester, que se escapa de su jaula y la lía parda, bastan para lograr una obra memorable.

O es que me estoy volviendo viejo, o no sé qué pasa, pero de todo lo que he visto este mes, y eso que he visto lo más nominado a los Oscars, me quedo con Me siento rejuvenecer de 1952. Porque no son necesarios maravillosos efectos especiales, ni ordenadores, ni tampoco ponernos al borde del drama, para llegar a la excelencia. Sólo hace falta una historia como ésta (que la gente de mi pueblo de cierta edad la llamaría “sosada”), para pasar un rato más que entretenido, y olvidarte de tu rutina diaria. Si además existe una pretensión de denuncia de los peligros de algunos experimentos científicos, pues mejor. Pero creo que éste no es el caso. Hawks busca sólo que nos riamos, y por Dios que lo consigue.

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