martes, 11 de febrero de 2014

La voz dormida




Película que habla en el fondo de lo inútil de todas las guerras, de los sufrimientos que causan en las personas y en quienes las rodean, en las familias, en la sociedad, en la imagen de un país, en el mundo.

La Guerra Civil ha sido objeto de innumerables historias en el cine. La mirada de Benito Zambrano se centra en dos hermanas. Una, Hortensia (Inma Cuesta), con una idea política clara. Es republicana y defenderá la República hasta el momento mismo de ser fusilada con un contundente ¡Viva la República!. La otra, Pepita (María León), una chica de Córdoba, que sabe que su hermana está condenada a muerte en Madrid y hará todo lo posible por salvarla.  Ella sólo quiere sacar a su hermana de la cárcel. Y no dudará en besar la mano de su "dueña", que es de derechas, ni de pedirle al suegro de ésta que hable con el mismísimo Franco, si hace falta, para ayudar a Hortensia.

Pero la España enfrentada es muy dura, la represión franquista es tajante. Ellos son los vencedores y limpiaran la patria de cualquier comunista, la limpiaran de todos los "rojos".

Además Hortensia está embarazada. Su marido es también un republicano, escondido en la sierra. Pepita se pondrá en contacto con él y conocerá a su camarada, del que se enamorará. Se harán novios. Más tarde, ellos también serán detenidos y torturados, condenados.

La hija de Hortensia ya será bautizada, en contra, por supuesto, de los deseos de su madre, cuando ella sea fusilada. Afortunadamente, irá a parar a su tía Pepita, que tendrá que cuidarla y criarla, mientras espera la salida de la cárcel de su amado.

Historia, en suma, triste, desgarradora, dramática, cruel. Historia que nunca debió ocurrir, de la misma forma que nunca debió ocurrir esa guerra entre españoles.

¡Ojala nunca más haya que hacer una película como ésta en el futuro! ¡Ojala no haya vencedores ni vencidos, ni guerras fratricidas! 

Y puestos a pedir, que no haya ninguna guerra y seamos capaces de entendernos los unos a los otros. Que no haya que dormir ninguna voz ni callar ninguna opinión, por muy diferente que sea de la tuya.


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