miércoles, 12 de febrero de 2014

Bearn o la sala de las muñecas, el declive de la aristocracia rural




Partiendo de una de las novelas más importantes en lengua catalana, Bearn o La sala de les nines, del mallorquín Llorenç Villalonga, Jaime Chávarri realiza una adaptación al cine bastante aceptable, contando con actores de la talla de Fernando Rey, Ángela Molina, Amparo Soler Leal o Imanol Arias.

Me ha gustado Bearn o La sala de las muñecas. En primer lugar, por la presencia de ese gran actor que fue Fernando Rey, un imprescindible de nuestro cine. Sin él, esta película perdería gran parte de su fuerza. Y es normal, porque es la pieza fundamental. Don Antonio o Tonet, como le llama su mujer María Antonia (Amparo Soler Leal) es un personaje fascinante. Representa el declive de la aristrocracia rural, no sólo mallorquina, sino también española e incluso universal. Esa época en la que los señores se permitían el lujo de ser auténticos dioses en sus tierras, azotar a sus mayorales, acostarse con las mujeres del pueblo, tener hijos ilegítimos, etc, etc, está próxima a desaparecer en 1860, fecha de la historia.

Tonet es grande y también hay que decir que se hace más grande visto por el que seguramente es su hijo, el capellán Juan (Imanol Arias); la admiración por el señor nos permite, a la vez que una estupenda descripción de su personalidad, aportar un punto de vista original en el enfoque de la película.

Pero claro, si a esto, unimos la gran novela que está detrás, tenemos una buena película, no sobresaliente, pero que suple sus carencias por el amparo del libro original.

Tonet, un poco influido por el personaje de Fausto, campa a sus anchas en Bearn. Abandona a su mujer para irse con su sobrina Xima (Angela Molina) a París a ver precisamente esa ópera (Fausto). Luego vuelve, y está separado de su mujer María Antonia 15 años.

El lema de los Bearn -nunca mezclar su sangre- parece que se ha incumplido, no obstante, en alguna otra ocasión. El ejemplo: Juan, y esa Mado Coloma, esa mujer que vive aislada en el pueblo a la que Tonet le regala joyas. ¿Por qué? No es díficil de adivinar.

Xima también volverá a Bearn, después de sus aventuras francesas, atraída por el señor y más ciertamente, porque no tiene ni un duro. Pero es que Don Antonio tampoco tiene ni un duro. Además Isabel II se tiene que marchar de España y la aristocracia en los pueblos empieza a sobrar.

Los últimos señores de Bearn son felices en sus últimos años, viviendo del pasado de una época que ya no les pertenece. Sus privilegios están próximos a agotarse. Muy significativa la situación en la que se quedan los criados de la casa: ¿qué haremos nosotros, toda la vida en esta casa? dice la ama principal, ya anciana, a Juan, cuando ya han muerto los señores.

Pero, ¿qué hay en la casa de las muñecas? Antes estaban allí los archivos de la familia. Ahora, no se sabe muy bien. El caso es que Tonet escribe sus memorias, que incluso se las presenta al Papa, cuando realizan los tres (los señores de Bearn y Juan) un viaje a Versalles y a Roma.

Los masones se interesan por esas memorias. Hasta ahí puedo leer...

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