viernes, 6 de agosto de 2010

A bout de souffle, Al final de la escapada, Sin aliento.



Han pasado 50 años del estreno de esta película, considerada como una de las obras claves de la Nouvelle Vague, y el debut de Jean-Luc Godard sigue conservando un aire fresco y un carácter innovador.

Sin aliento es una cinco estrellas en el mundo del cine, hasta el punto de que hay críticos que afirman que no se puede entender la evolución posterior del séptimo arte sin esta película. Quizá esto sea un poquito exagerado, pero no mucho, la verdad, porque es uno de esos films que no se te olvidan, y ello a pesar de que la historia sea simple, y los personajes se reduzcan a dos.

Jean Paul Belmondo y Jean Seberg dan vida a Michel y a Patricia. El primero es un ladrón que ha asesinado a un policía en su huida de Marsella a París, y la segunda una joven neoyorquina en la capital francesa que vende periódicos del New York Herald Tribune.

Michel es una especie de gánster admirador de Bogart. Siempre lo encontramos con un cigarro en la boca. Delgado, vestido con elegancia, roba coches no menos elegantes, con los que sorprende a Patricia. A él le gusta la chica, se han conocido hace poco, y parece que ella ha quedado embarazada. Patricia también cree sentir algo por Michel, quizá le atrae su misterio, el no saber nunca qué hace, aunque ella pueda imaginarse lo peor.

No hay mucho más qué contar sobre el argumento. El desenlace es algo que se adivina. Las cosas no pueden acabar muy bien. Michel busca un dinero que le deben, y anda bastante desesperado puesto que la policía le busca, como se encargan de recordarle los anuncios luminosos en los edificios de París y los periódicos. Quiere irse a Italia con la joven, pero ésta no parece decidida del todo, ya que como ella misma dice “quiere comprobar si Michel la ama”.

No obstante, al final, Patricia descubrirá hasta que punto Michel la ama, renunciando a irse a Italia y dejándose cazar por la policía, que ha llegado al apartamento en el que ambos están, avisada, ¿imaginan por quien?

Historia ágil, ligera, rápida, con diálogos inteligentes y divertidos, visualmente perfecta. Nunca se ha representado tan bien la estética de los años 60, desde el pelo corto de la Seberg hasta los trajes y corbatas de Belmondo.

La música está estupendamente acoplada, suena una clase de jazz que se modifica según el momento en que nos encontramos.

Parece ser que Godard rodó esta película estando en un estado bastante penoso económicamente, casi desesperado, y esa desesperación es la que traslada a su personaje, Michel, que se la juega a cada momento y es consciente de ello, por eso quizá aparenta calma.

La escena final, en la que Belmondo, va cayendo poco a poco después de haber sido tiroteado por la policía es un icono del cine, y bastante acertado me parece también que el ladrón moribundo utilice los gestos faciales que la pareja hizo suyos anteriormente y que representaban, para uno, la fealdad, para la otra, la belleza.

A mí Al final de la escapada me ha conquistado más por las formas que por el fondo, lo reconozco, pero es un disfrutar continúo, aunque sería ya una incuestionable obra maestra si además nos emocionará hasta arrancarnos alguna lágrima, cosa que no ocurre, seguramente por esa frialdad de los jóvenes amantes, que, desde luego, no son como Romeo y Julieta, aunque casi.

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