viernes, 4 de septiembre de 2009

Los girasoles ciegos

Película que toca muchos temas: la represión sexual, la libertad política, la religión, la familia, etc, todo ello desde un ambiente claustrofóbico, tanto física como moralmente.

Apenas con 5 personajes, Cuerda retrata una época de la sociedad española, la de la postguerra, con acierto, a mi modo de ver.

Personaje casi principal es el diácono, interpretado magistralmente por Raúl Arévalo, que no tiene muy clara su vocación y siente una obsesión enfermiza por Maribel Verdú.

Esta es la matriarca de una familia dividida en dos: el marido, Javier Cámara, es un republicano escondido en su propia casa tras un armario camuflado, y la mujer, Verdú, tiene que guardar las apariencias de cara al exterior, educando a su hijo en el colegio dónde el aspirante a cura da clases.
El deseo cada vez mayor del “cura” por la mujer lleva a un desenlace trágico, que es mejor no desvelar.

Azcona firma un guión más que aceptable basado en la novela de Alberto Méndez “Los girasoles ciegos”.

El título viene del estado en que parece encontrarse el diácono “al que no le da el sol, la luz, y que está cegado por su deseo hacia la mujer”

Buenas interpretaciones de todos los actores principales, también del director espiritual o rector de Salvador (Raúl Arévalo), en su representación de la iglesia española, y la del niño, que tiene que fingir diariamente en el colegio por causa de la situación de su padre.

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